lunes, 21 de septiembre de 2015

Flores fantasiosas





Antes de pasar a la última parte de la serie de los simios, que será con los simios astronautas de Criptomita, había que interrumpirla para exhibir esto otro, que son dos murales vistosos del mismo artista del par de murales muy similares con una cabeza de mico del tema anterior, porque en ambos casos está una de esas flores, también parecidas entre sí, en la misma esquina del mico y a la vuelta de la misma.  Son la de la calle 57 (la que baja hasta el Estadio El Campín) con carrera 15 y la de la calle 53 (la del puente sobre la carrera 30 o Avenida NQS que mucho más abajo pasa por el costado sur del Barrio Pablo VI) con carrera 18 (como consta en la lata que se ve en el muro, que informa además que la 53 es la Avenida Pablo VI).  En el primer sitio el mico está en la calle y la flor en la carrera, en el segundo sitio es al contrario. 

(No sé si se justifique informar que en Barranquilla, donde nací, me crié y viví hasta graduarme de bachiller hace ya casi medio siglo, en el '69, las calles y carreras tienen una orientación opuesta a la de Bogotá: las calles no van en sentido oriente-occidente sino en el sentido perpendicular a ese, o sea, norte-sur, y las carreras en el sentido oriente-occidente, como las calles en la capital.  [Fue el año del Festival de Woodstock y el primer alunizaje tripulado, el del Apolo 11, y el año anterior al de las elecciones fraudulentas Pastrana-Rojas Pinilla que llevaron a los seguidores del ex dictador ratero, matón y anticomunista a formar la guerrilla del M-19, la misma del alcalde actual de Bogotá, que fue torturado en la Escuela de Caballería de Usaquén, Cantón Norte, en la época de Estatuto de Seguridad del Presidente Turbay Ayala.  Fue del tal Cantón de donde esa guerrilla se robó unas armas por un túnel, en un operativo de los que llaman "cinematográficos", pero siguen sin hacerle película.  Ahora Petro anda ayudando solapadamente a dos cuñados suyos a urbanizar y estropear el Humedal La Conejera mientras se presenta como el gran ambientalista y animalista, habiendo sido taurófilo de los de bota de manzanilla hasta no hace mucho.  Su suegro es un gran gallero en la Costa Atlántica, de lo que no hay derecho a culpar al pobre yerno, claro, pero hay que decirlo.  El segundo anda diciendo que dizque el Gran Problema de la humanidad es ahora el "cambio climático", sabiendo como sabemos todos que siempre lo ha sido el de la persona menesterosa, etc., etc., etc.  Todo eso es como para lanzarme a hacer política y barrer con esa plaga, y vamos a tener que hacerlo con un partido propio los que algo tenemos que ver con el arte de las calles.])

La flor con un ojo realista en el centro es la del segundo de los sitios, o sea, la que está en la calle 53.  Coincidentemente, al tomarle la foto, por la carrera 18 venía hacia la calle 53 un carro plateado que quedó registrado a la izquierda en la imagen, y simultáneamente estaba a la derecha una mujer en el establecimiento de comercio esquinero.  Aparece vista desde atrás y se ve muy graciosa con su cola de caballo y sus sandalias (?) negras y dando un paso.  Se alcanza a ver en el aviso algo de la lista de mercancías del negocio: "lencería, telas, resina, pinturas, pinceles …".  ¿Compran ahí sus cosas los grafiteros, pintaron ellos la esquina por solicitud del propietario, y es alguno de ellos su pariente o amigo? 

Las estadísticas muestran que en Bogotá, y no sé si en todo el país, el color predilecto de los que compran carro es el plateado.  Son tantos los que ruedan por la vías de la ciudad que en un momento cualquiera puede uno ver pasar tres o cuatro todos de ese color, uno después del otro, en fila india, o en una intersección esperando a que el semáforo cambie a verde.  Las probabilidades de que ese carro de la foto fuera de otro color eran mucho menores.  (Son las maravillas de la ciencia de la estadística, tan  prostituída por el DANE  por orden de los gobernantes rateros y asesinos desde Pälacio [con diéresis por capricho del teclado de mi aparato portátil Dell Inspiron 1545, cosa insólita nunca vista …  ¡una señal!].)

Puede que sea buena idea comenzar a dar las ubicaciones exactas de las mejores cosas encontradas, para ver si con eso se contibuye a promover el turismo grafitero.  Así los más interesados en ese glorioso (e impúdico) género del arte que es el callejero podrán ir ellos mismos al sitio a entrar en trance, o por lo menos a fotografiarlo o a mostrarlo a quienes visitan la ciudad, antes de que desaparezca o lo dañen los patanes o la intemperie.  Ya escribí aquí sobre el grafitero australiano CRISP que tiene una empresa, Bogota Graffiti Tour, que hace recorridos turísticos del centro en los que se muestra el arte callejero.  La empresa tiene sitio propio en la Red (http://bogotagraffiti.com).  Su arte habrá que mostrarla aquí eventualmente, cuando se llegue al asunto de los grandes murales.  Creo que la ilustración en ese sitio es un mural de los de Juega Siempre, otro de los grandes muralistas capitalinos.


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